Trastornos asociados

Los niños con TDAH suelen tener problemas en las relaciones con los compañeros, tienden a tener pocos amigos y las relaciones son menos estrechas. También se puede producir una disminución del rendimiento académico que suele desembocar en fracaso escolar.

Todo ello, así como las discusiones con los padres por malas notas y mal comportamiento, puede provocar síntomas depresivos y conductas negativas en los niños con TDAH. Algunos pueden empezar con comportamientos negativistas, desobediencias cada vez mayores, desafío de la autoridad y, poco a poco, con problemas de conducta mayores e incluso abuso de alcohol y drogas.

Estos conflictos pueden aparecer de forma conjunta cuando se ha pasado mucho tiempo sin haber tratado el TDAH correctamente. Sin embargo, muchas veces surgen por otras razones y son confundidos con este trastorno.

Por ello, a la hora de realizar un buen diagnóstico es fundamental distinguir entre aquellos trastornos que se parecen al TDAH, pero que no lo son, y que surgen como consecuencia o independientemente del mismo:

  • Trastorno oposicional/negativista desafiante
  • Trastorno de conducta
  • Trastornos del humor
  • Trastornos del sueño
  • Trastornos del aprendizaje
  • Ansiedad por la separación
  • Otros trastornos

Trastorno oposicional/negativista desafiante

Consiste en un agravamiento del problema de comportamiento que ocurre en la infancia y adolescencia temprana. El niño discute mucho las órdenes que se le dan, es hostil, desafiante y obstinado, y provoca continuamente a sus padres. Hace lo contrario de lo que se le manda, discute las normas e intenta incumplirlas.

Estas actitudes duran al menos 6 meses de forma continuada, ocasionando enfados y riñas con adultos y con sus amigos y profesores. Además, el niño se vuelve muy sensible a los comentarios de otros, siente mucho resentimiento, miente y culpa a los demás por los errores propios.

El trastorno oposicional desafiante suele estar presente en niños con TDAH, ocurriendo los dos problemas simultáneamente.

Es más frecuente en niños que en niñas.

Hasta el 40% de los niños con trastorno oposicional desafiante desarrollan la forma más severa de trastornos de comportamiento: el trastorno de la conducta.

Trastorno de conducta

Suele producirse en la adolescencia; al tener tantos problemas en el colegio y con los padres, los jóvenes acaban por desafiar todas las reglas, oponerse a todo y empiezan a faltar a clase, escaparse de casa, etc.

Los adolescentes con trastorno de conducta rompen repetidamente las normas sociales y se saltan los derechos de los demás, pudiendo llegar hasta la delincuencia juvenil.

Realizan al menos tres de los siguientes comportamientos durante un año, como mínimo: agresión a personas o animales, destrucción de cosas, engaños o robos, violaciones serias de las normas.

Este patrón de conducta suele durar al menos un año. Los estudios indican que entre un 1,5% y un 3,4% de los jóvenes pueden sufrir este problema, siendo entre 3 y 5 veces más frecuente en chicos que en chicas.

Trastornos del humor

Los trastornos del humor, también conocidos como trastornos afectivos, son un grupo de enfermedades que pueden aparecer en niños, adolescentes y adultos.

Consisten en alteraciones emocionales que provocan un estado de ánimo triste, deprimido, irritable o eufórico.

También pueden generar ideas de inutilidad, de culpa, de muerte y de superioridad, así como alteraciones físicas de la energía, sueño, apetito y actividad.

Las enfermedades conocidas como trastornos del humor son las siguientes:

Depresión: hay episodios cortos (de al menos dos semanas) de estado anímico muy deprimido.

Distimia: hay períodos largos (de uno o dos años) de humor medianamente triste.

Enfermedad bipolar o maníaco depresiva: además de episodios de depresión hay episodios de manía, fuertes cambios de humor (euforia, irritabilidad), disminución de la necesidad de dormir, comportamiento hiperactivo y síntomas paranoides.

Los niños con TDAH tienen un riesgo 5 veces superior al de la población normal de padecer estos trastornos. De hecho, entre un 20 y un 30% de los niños con TDAH padecen un trastorno afectivo.

Trastornos del sueño

Los niños con TDAH suelen tener problemas para conciliar y mantener el sueño; les cuesta dormirse, se despiertan de noche o muy temprano por la mañana.

Pueden presentar también somniloquio (hablan dormidos), terrores nocturnos, pesadillas, movimientos involuntarios y sonambulismo. Sin embargo, parece que la calidad de su sueño es sustancialmente similar a la de los niños sin TDAH.

Trastornos del aprendizaje

Debido a sus síntomas de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención, más de un 20% de los niños con TDAH presentan problemas específicos del aprendizaje.

Los trastornos de aprendizaje más frecuentes en estos niños aparecen en la lectura, la escritura y el cálculo, también denominados dislexia, disgrafía y discalculia.

Concretamente, los problemas más significativos aparecen en las capacidades lectoras. Los niños tienen dificultad para descomponer las palabras en sonidos, en la lectura visual y en la comprensión lectora, así como en la velocidad a la hora de leer.

Ansiedad por la separación

Este trastorno provoca un sufrimiento excesivo en el niño cuando se lo separa de sus padres. La ansiedad por separación suele ser una causa frecuente de rechazo y fracaso escolar; el niño se resiste constantemente a ir a la escuela y cuando lo hace puede presentar síntomas como dolores de cabeza, de estómago o vómitos.

Ese miedo a estar lejos de casa hace que en el colegio esté distraído, siempre pensando en cuando lo vendrán a buscar.

Otros trastornos

Algunos trastornos menos frecuentes en niños con TDAH son el síndrome de la Tourette (emisión repetida de tics motores y verbales), el trastorno obsesivo-compulsivo, los desórdenes en la comunicación (alteraciones en el desarrollo del lenguaje expresivo y comprensivo) y trastornos de la coordinación.

A su vez, el niño con TDAH tiene cuatro veces más posibilidades de sufrir accidentes y lesiones graves que el niño sin este trastorno (fracturas óseas, traumatismos cráneo-encefálicos, rotura de dientes, etc.), debido a su impulsividad y a la presencia de trastornos de la coordinación motora.